Las elecciones presidenciales arrojaron enseñanzas y retos importantes. El mapa de resultados electorales es una señal de cómo se desarrollan la cultura cívica y los intereses ciudadanos. Si se mira con cuidado, pueden percibirse dos ideologías distintas en el país. O, como se ha señalado en los últimos meses, dos proyectos diferentes de nación. Dos formas de entender la realidad y encarar problemas pendientes de México. Uno se acerca más a la ideología liberal, pero con un modelo económico asistencialista.
El otro, está más cercano al conservadurismo ideológico y a la continuidad. Hay una clara división de preferencias ideológicas en los electores. Fernando Escalante, especialista en Sociología de El Colegio de México, menciona que, en algunos casos, el país se puede dividir en dos mitades (Seminario Los Resultados y sus Razones: Civilidad y Vida Democrática, COLMEX, 6 de julio de 2006).
Después de una campaña tan competida, es hora de armonizar el ambiente nacional. El problema es que, hasta ahora, no se sabe cómo. Los valores que unen a México deben salir a flote. No sólo se trata de una visión idealista o de un discurso gastado. Evidentemente, de ahora en adelante, la unidad nacional debe ser uno de los elementos clave. ¿Cómo entender la unidad cuando hay fracturas tan profundas? El pasado inmediato está herido, el presente, incierto y el futuro, se vislumbra con obstáculos para alcanzar acuerdos. ¿Qué podemos hacer?
La visión de Escalante, en estos momentos, es cierta. El objetivo de los próximos meses y años debe ser unir esas dos partes de México que han quedado separadas por intereses distintos. La unidad que el país necesita es el único motor para el desarrollo. Unidad no significa estar de acuerdo en todo. En la unidad, las diferencias siempre salen a flote, pero justamente por pertenecer a un país en el que se necesita avanzar esas diferencias, aparentemente irreconciliables, se debe tener un punto de acuerdo: el futuro. Tal vez, sólo una visión pragmática y una visión de grupo puedan servir para avanzar y concretar acuerdos esenciales.
No se trata de desgastarnos en discusiones que no nos lleven a nada, sino de dialogar y llegar a acuerdos de fondo. Es cierto que el acuerdo más importante de cualquier país son sus leyes y el respeto a sus instituciones. Pero en la discusión pública, en la negociación de reformas legales, los acuerdos entre fuerzas opositoras son esenciales para el progreso común.
En situaciones como las que enfrentaremos los próximos años, la negociación es fundamental. Se trata de un pacto entre actores políticos. ¿Qué es eso que nos une como ciudadanos y nos hace pactar? Un sueño a futuro, un sueño que debe despertar la conciencia colectiva del país. ¿Cómo caminamos hacia el futuro? Con diferencias naturales pero, sobre todo, lo deberíamos hacer con una agenda definida. ¿Qué le hace falta al país? ¿Por qué no trabajamos gobernantes y ciudadanos por lograr, por ejemplo, un progreso económico sustantivo que englobe a todos? ¿Por qué no trabajamos en ponernos de acuerdo en el país que queremos? La democracia electoral sólo tiene sentido cuando los ciudadanos entienden la importancia de sus valores. Y uno de los valores fundamentales de todo sistema es mantener la unidad.
Los próximos años en México deben revertir esa división que Escalante subraya. No será fácil. Se necesitará la voluntad de todos los actores políticos y sociales. Pero si no lo hacemos, los costos históricos serán inimaginables: no podremos consolidar nuestra democracia. El futuro nos obliga a ponernos de acuerdo y a fortalecer nuestra unidad nacional. Lo reitero, ¿con qué soñamos los mexicanos? La respuesta estará en estos años de vida pública y en cómo los vivamos. Adelante, México.
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