"El conteo diario, la medición de temperaturas matutinas y demás sumas o restas rumbo al cálculo del "momento ideal" han quedado atrás, ahora cada fracción de segundo se eleva al infinito por la luz de un ser nuevo, lleno de salud, perfecto y feliz.
Hace ya 30 semanas, 210 días, cinco mil 40 horas, 302 mil 400 minutos, 18 millones 144 mil. más lo que se acumule desde el momento que supe de tu diminuta presencia en mi cuerpo; la enorme noticia llegó después de un nerviosismo incontrolable. Ese día sólo recuerdo el gran esfuerzo que tuve que hacer para ahogar un grito de felicidad cuando la enfermera señaló en un papel la palabra: "POSITIVO".
Paso a paso se acumulan mil y una lecturas sobre tu existencia, crecimiento, salud, cuidados, y demás; la música infantil creada especialmente para ti ha llenado los anaqueles de nuestro hogar, los estambres y suaves muñecos sonrientes, desplazaron ya a los libros de literatura o política, y a las complejas figuras de cerámica.
Todo es color, calor y brillo. Nuestro andar se torna cada vez más suave, como ensayo del arrullo y el cálido abrazo que llegará en febrero. Amor, por cierto, gracias; jamás he conocido náuseas, ni mareos, nunca enfermedades impronunciables propias de la espera.
En cambio, nuestra comunicación es cada vez más estrecha y clara, te siento y en ocasiones veo tus movimientos a través de mi ropa, te sé fuerte, ¿recuerdas?, incluso ya te toqué a través de ese sueño maravilloso donde logré tomar tu pequeña mano y extender cada uno de tus largos y delicados dedos y te besé para poco después, despertar llorando de emoción.
Eres la sorpresa más grande de mi vida, mi príncipe o princesa, no importa que jamás hayas mostrado tu sexo en los ultrasonidos, eres el niño o la niña que estoy esperando y cada vez estas más cerca de mi corazón.
Hoy puedo resumir esta espera en una palabra y una acción: AMOR y fe en DIOS, amor inevitable ante el ser que ya expresa su frío o incomodidad, incluso su alegría o tristeza, y fe en Dios por la pre-esencia y la existencia de la ecuación única e irrepetible, suma de dos grandes amores -tus padres- multiplicado por cada célula de tu cuerpecito, elevada al cubo en cada uno de tus movimientos igual a la extensión infinita de mi respirar y mi paz. Nunca había esperado tanto una fecha".
Esto fue el principio de mi maternidad, y sí, a partir de febrero mi vida volcó en alegrías constantes y aprendizaje, más de mi parte. Ella, porque es niña, me enseña día a día el por qué estoy escribiendo esto a las cuatro de la madrugada sin sentir el menor cansancio.
Sólo una cosa me preocupa, el saber interpretar toda la información que Silvana trae consigo, ese instructivo para que sea feliz, y conserve intactos sus valores y principios: sonreír a carcajadas, es más hasta el grito si está contenta, llorar sin límite si le duele algo, protestar por las injusticias y sobre todo, extender los brazos a todos aquellos que sienten amor por ella.
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