Hola, me llamo Emmanuel y tengo 28 años, me siento desesperado y por eso es que recurro a su consejo objetivo. Bueno pues comienzo, siempre me sentí acompañado, incluso privilegiado por considerar que tenía cientos de amigos, en realidad, ninguno lo era, todos de desmadre.
Al paso del tiempo cada quien tomó su camino, como era de esperarse veían por su santo y no más, tontamente pensaba que contaba con ellos en cualquier circunstancia, cuando se les ofrecía algo, ahí estaba el "mani" (como me decían) para sacarlos de la bronca.
Mi vida parecía como la que cualquiera envidiaría, pues nunca demostraba mi sentir ante los demás. Finalmente tenía que llegar el momento que en que las broncas me consumieran y confiado de que tenía "amigos", "compañeros", "brothers", en fin qué sé yo, la sorpresa fue... Nadie, sí nadie me ayudó.
Me embargaban la casa por falta de pago, había hipotecado para sacar adelante a un pariente que estaba a punto de ir a la cárcel y el muy bribón no me respondió con la deuda y ahora estaba a punto de perder mi casa.
Me dije, "Emmanuel tranquilo, no te preocupes tus amigos te echarán la mano", ja,ja... cómo no, nadie lo hizo, todos me dieron la espalda. Como ya no era el cuate rico o que nunca tenía problemas me quedé solo, ya ni para el desmadre estaban ahí.
Fui hijo único, mis padres vivían en San Francisco, USA, y hacía mucho tiempo no sabía de ellos, finalmente perdí mi casa, me endeudé con el banco, perdí el trabajo y todo a mi alrededor, llegué a renegar de Dios, me preguntaba "¿por qué a mí?".
Cuando toqué fondo encontré al amor de mi vida. Un día amanecí tirado afuera de una cantina, totalmente embrutecido de alcohol y con la cartera vacía, sí alguien se había llevado el poco dinero que cargaba, de pronto, una mujer se compadeció de mí y me acercó una torta de tamal y atole de masa.
Aunque para muchos les parezca tonto, chistoso, exagerado, así pasó; no sé si era el hambre pero fue el desayuno más delicioso que jamás había probado en mi vida. La señorita me tendió la mano, me escuchó y sus consejos me impulsaron a buscar trabajo y levantarme del hoyo en el que había caído.
Pasaron 4 años, 7 meses y 22 días y nos casamos, ya tenía nuevamente una casa propia, un buen trabajo, una esposa maravillosa y un bebé en camino, qué más podía pedirle a la vida. Una mañana sonó el teléfono y era gente de San Francisco, mis padres había muerto en un accidente automovilístico, no pensé que me doliera tanto la noticia, puesto que no teníamos comunicación.
Mi mujer me apoyó y seguimos adelante, cuando llegó el momento del parto lo peor estaba por venir, lo más malo que le puede pasar a un hombre es decidir entre su esposa o hijo, qué difíciles pruebas da la vida. Mi señora todavía consiente pidió que viviera mi niño; la complicación, preclampsia. Qué dura se siente esta realidad que a muchos nos pasa.
Ocho horas duró la intervención, mi esposa murió y mi hijo estaba delicado, Ariel se llamó por deseo de mi mujer. 19 días en la incubadora y mi criatura no sanaba, diario iba a verlo y la misma noticia, "no mejora".
Me acerqué a Dios y pedía por la salud de mi bebé, pero algo tengo que me niega la felicidad, a los 32 días de nacido, Ariel murió. Hoy han pasado 14 días de que enterré a mi hijo junto con mi esposa y siento desfallecer.
Ahora sí estoy sólo en el mundo, ni padres, ni esposa, ni hijo. Confío en que algún día me reencontraré con mi familia. Gracias, sólo deseo un consejo, una palabra de aliento, un buen comentario.