Lo conocí en 1995 por medio de mi mejor amiga, él es su hermano mayor y gracias a que ella "me echó la mano" lo pude conquistar, fuimos novios dos años. Ahora me doy cuenta que en aquel entonces yo era la que daba todo, lo llegué a amar con toda mi alma. Él se dejaba querer de buena gana (llegué a creer que realmente me amaba).
Quedé embarazada y me sorprendió que me pidiera que nos casáramos. Lo hice muy ilusionada de que ya iba a estar con él (pues estudiaba en otra ciudad y solo nos veíamos 2 o 3 veces al mes). Pero el al vivir juntos el encanto se acabó. empezó a maltratarme psicológicamente y a humillarme porque yo no quería trabajar estando embarazada.
Nació nuestro hijo y creí que ya no seguiría haciéndolo pues debía yo cuidar a mi hijo. Yo quería estar en casa (era un pequeño cuartito que rentaba), hacerme cargo de mi hijo y del quehacer doméstico para atenderlo como se debía, me aguantaba a lo poco que él me daba, siempre tenía pretextos para darme de gasto muy poquito, apenas alcanzaba para medio comer. Y yo nunca le decía nada, le tenía miedo porque a veces se ponía agresivo y por otro lado, de buenas era muy cariñoso y no lo quería hacer enojar.
Con el bebé jugaba y se veía que lo quería, pero no le compraba ropita ni nada. Sus humillaciones iban creciendo porque yo me negaba a trabajar, de hecho me acabé mis ahorros, pero para él eso no era suficiente. Hasta que llegó el día en que no aguanté sus malos tratos (ya no le veía el caso de hacer el sacrificio de salir a trabajar y dejar a mi hijo en una guardería por él, que demostraba que no me quería, que le estorbaba), y me fui a la casa de mis papás, a una pequeña ciudad de provincia, empecé a trabajar, salí adelante sola y al cabo de seis años hasta hice mi casa, pequeña, pero propia.
Él no nos buscó nunca, hasta apenas hace unos meses. Se presentó y yo lo recibí de buena manera, estaba dispuesta a verlo sólo como el padre de mi hijo (el resentimiento ya había aminorado al paso del tiempo, y ya había recuperado mi autoestima).
Nunca lo dejé de amar, siempre me dolía haberlo dejado pensando en que tal vez hice mal en no apoyarlo. Él también vino muy calmado, hasta un poco cambiado, también me ha tratado muy diferente, hasta es mas cariñoso que antes. Y a mi hijo se ve que lo adora. Lo malo es que como siempre, de dinero se hace "de la vista gorda". No me da nada para la manutención del pequeño, lo abraza, lo besa, hasta llora cuando lo ve, pero son contadas las cosas que le compra. Nunca se ha preocupado por si tiene o no tiene ropa, zapatos, cosas de la escuela o de comer.
Él no rehizo su vida (no sé porque) y yo tampoco, nunca quise estar con nadie por miedo al fracaso.
No pude negar mi amor por él cuando regresó, el mismo trato amistoso que nos dabamos nos hizo regresar, estamos haciendo lo posible por olvidar todo y volver a ser una famila. De hecho quiere llevarme nuevamente a la ciudad, pero claramente me dice que no tiene nada. Y yo no puedo confiar en que él vea por nosotros, tengo trabajo seguro aquí y mi hijo está creciendo muy sano y no le falta nada. Tengo miedo de que vuelva a ser lo mismo, pero también es cierto que no quiero dejarlo.
Es el único hombre al que puedo querer. No sé que hacer, ya no quiero poner mi vida en sus manos pero no quiero dejarlo.
¿Debo dejar todo para irme con él y ser una familia? Casi estoy segura que tarde o temprano me va a exigir una decisión porque a él no le gusta estar llendo y viniendo de la ciudad.