Hace unos días me informaron que la compañía donde trabajo se mudaría a otro país, en otro continente, lejos pero muy lejos de mi familia. Actualmente vivo en Venezuela y la empresa se trasladaría a Portugal, es decir del otro lado del mundo.
Acabo de casarme hace dos años, tengo una bebé hermosa y me dolería tanto tener que alejarme de ellos por cuestiones laborales. Mi interior me dice que renuncie y me quede con mi familia, buscar otro empleo en Venezuela, pero la realidad es otra. La compañía me ofrece un puesto directivo, eso va acompañado de un aumento de sueldo y un gran desarrollo profesional.
Lo consulté con mi esposa y ella me apoya para que emprenda el viaje, a mí, sin embargo, me parece un gran sacrificio, pero como ella dice, sería una oportunidad para crecer y al mismo tiempo que mi familia tenga solvencia y seguridad económica.
Pero no me puedo hacer a la idea de perderme los mejores años de mi hija, no escuchar cuando aprenda hablar, que me diga papá, ver sus primeros pasos, dejar de sentir sus caricias, dormir solo sin mi compañera de vida, no tener con quien compartir mis éxitos o con quien refugiar mis fracasos, saber que al llegar a mi hogar estaré solamente conmigo sin recibir los confortantes brazos de mi esposa, dejar de besar sus labios.
Sé que tal vez exagero un poco lo que estoy diciendo, porque probablemente la vaya a ver, al menos, cada dos meses, pero todo ese sentimiento me está dañando por dentro. Bien dicen que la vida te pone pruebas, en ocasiones demasiado duras, por lo cual he decidido enfrentar el reto y si logro alcanzar la estabilidad que deseo, llevarme conmigo a mi familia.
¿Valdrá la pena el sacrificio? El tiempo me dará la respuesta y sí es positiva voy lograr la prosperidad para mi familia, que es lo verdaderamente importante.