No sé que me está sucediendo, no es normal pero no lo he podido evitar. Tal vez sea una idea tonta, posiblemente una obsesión pero desde que lo ví entrar por primera vez al salón de clases me dejó con la boca abierta.
Su porte, su don de gente, su seguridad, su inteligencia, su amplia manera de comunicarse, su madurez, todo en él me cautivó y con el tiempo fui cayendo en el difícil camino del amor.
Sin darme cuenta ya estaba enamorada de él, deseaba que esa clase fuera a diario y eterna, pero sólo podía verlo tres veces por semana, 24 horas al mes, ¡¡Era un martirio!! Mis compañeras me decían que estaba loca al enamorarme de él, pues para ellas nunca iba a ser correspondido mi amor y perdía mi tiempo.
Pero yo cada día sentía que lo amaba mucho más, solamente al escucharlo se ponía la piel chinita, me ruborizaba como si él me estuviera diciendo palabras románticas.
No pude mantener el silenci por mucho tiempo, ya me había aguantado las ganas de decirle cuanto lo quería durante dos meses. Ya no podía más. Fue entonces cuando me decidí a escribirle una carta donde le declaraba mi amor, con una posdata: el número de mi celular.
Se la entregué, en el peor de los casos la ignoraría y me pediría que hablaramos, pero . ¿Si esa carta surtía el efecto que yo estaba esperando?
Ese mismo día por la noche recibí una llamada a mi celular. Era él diciéndome que en esos momentos no estaba listo para iniciar una relación porque acababa de perder a su esposa e hijos en un accidente. Además puso gran énfasis en las diferencias de edades, él tenía 53 y yo 19 años. Por último mencionó que su ética profesional no le permitía tener un romance con una de sus alumnas.
No lo niego, sí me entristecí por un tiempo, pero después comprendí que ese hombre, mi maestro de matemáticas es la persona más íntegra y maravillosa que he conocido, en cuanto al amor. estoy segura que un día llegará de nuevo.