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Un hombre, yo, una boda y una farsa...
Por Raquel
Terminé mi carrera en Mercadotecnia, nunca había trabajado, mientras conseguía trabajo decidí entrar a estudiar francés...

Real y verdaderamente no soy muy agraciada físicamente, mas bien paso desapercibida, de no ser por la ropa y el carro sería una antisocial, nada mas que la verdad, lo material invita a incluirte en un grupo social, no en todos los casos, sin embargo en el mío si. Mi familia siempre empeñada en sobreprotegerme, se preocupaba porque yo estuviera "bien". Ellos comenzaban a preocuparse, los treinta estaban por llegar y el miedo a que la "gente" pronto me pusiera la etiqueta de solterona era un acecho constante, habría que tomar medidas contundentes para remediar mi situación. Mi familia y amigas me hacían dates, citas a ciegas, en una de esas ciegas, me presentaban al amigo del amigo de mi primo, muy buen partido por cierto, casualmente, estudiaba francés en la misma escuela que yo, Miguel, era guapo, discreto, inteligente, brillante, era un chavo bien, para una chava bien.... como yo.

Comenzamos a salir, no me caía mal, y nos veíamos bien juntos, en pocas palabras hacíamos click. El tenía 34 y yo 30, en mi casa lo recibían con bombos y platillos, y no se diga a mi en la de él. Salíamos de viaje juntos, me hacía grandes regalos, yo me desvivía en detalles, y eso lo enloquecía. Sin embargo faltaba algo, falta chispa, faltaba fuego, la pasión era nula.

Inmunda de mi, ¿por qué pensaba en la pasión estando todo tan perfecto? No me imagino a Maggie Alcantara, haciendolo con su esposo, se ven tan pulcros, tampoco a Regina con su novio, ni a Pamela ni a nadie teniendo vida sexual activa... Me imaginaba que habían tenido hijos por medio de otros métodos mas prácticos y menos mundanos. ¿Por qué preocuparme por algo tan superfluo? Yo misma me vendí la idea y me la compré: "El sexo, es sexo y nada más".

Entré a trabajar a la empresa de un tío, y a Miguel lo veía una o dos veces por semana, tiempo suficiente para ambos, a mi me dejaba trabajar y salir con mis amigas y yo a él igual.

Pasó el tiempo, hasta que en mi casa y en la de él se empezó a sentir presión para que formalizáramos y dicho y hecho, la cita fue en las Vegas, él pidió la cena al cuarto y después vino la sorpresa, subimos a un helicóptero a un paseo nocturno en las Vegas, fue ahí donde me hizo "la propuesta" le dije que si, de lo mas entusiasmada y feliz.

Preparamos la boda, mi mamá y mis tías me organizaron despedidas a mas no poder, todos estaban muy felices por mi, yo me entusiasme con el vestido, el banquete, la casa, que la decoré toda a mi gusto, ahh mi casa....

El gran día llegó, mi boda acaparó las páginas de sociales de mi ciudad, (omitiré de donde soy por no herir susceptibilidades) aunque la mas afectada en este caso obviamente fui y seguiré siendo yo.

Miguel y yo nos casamos en medio de la mas fastuosa boda. La fiesta llegó a su fin a la par de mi felicidad. Comenzó la luna de miel, nos fuimos a un crucero por Bahamas para después esquiar en Canadá, hasta ahora no les había mencionado que yo era virgen, seguí al pie de la letra las instrucciones de moral y buenas costumbres que familia siempre me inculcó. Desde el momento que abordamos el avión, su semblante cambió, durante todo el trayecto, se dirigió a mi solo para lo indispensable, mis sentimientos como una montaña rusa, del top se fueron de picada.

Llegamos por fin a nuestro primer destino, Miami de donde partiría el barco, ahí pasaríamos nuestra "Gran Noche" de esposos. En cuanto nos instalamos, el decidió salir de tiendas, a comprar al mall, llegó la noche y él no tenía hambre, me ordenó una pizza, yo nerviosa e impaciente comencé mi plan de seducción, sin embargo la situación no era nada alentadora, mientras me puse mi ajuar de seducción, él no se inmutaba, veía la televisión enajenado, como si se fuera a terminar la programación.... hasta que se quedó dormido.

Amaneció y nos dispusimos a abordar el barco rumbo a Bahamas, teníamos el mejor camarote para recién casados, en el día, nadé, conocí el barco, en la noche como bienvenida la tripulación organiza una cena baile de gala, todo parecía normal, nos arreglamos, salimos a bailar, conocimos otras parejas y él se encargó de cantar a los cuatro vientos que éramos "recien casados".

La fiesta se acabó, nos dipusimos al ir al camarote, repetí la rutina de un día anterior.... perfume, ropa sexy, actitud.... y no pasó nada. El me ignoró nuevamente, se puso a leer revistas, en cuanto entramos al cuarto fue otro, osco, enfadado. Era evidente que yo le irritaba con mi actitud. Así que decidí dejar las cosas e ir tranquila.

Pasó una semana, y era nuestra última noche en Bahamas, todo era fiesta, pero yo era una nube obscura que deambulaba por los camarotes, decidí encender la llama del amor, finalmente ya le había dado un tiempo considerable para despertar sus instintos en mi. Nada pasó, mi enojo se hizo evidente, él se hartó de mis insinuaciones hasta que me gritó que era una ramera de quinta, que con lo único estarías contenta es con esto.... y me violó.

Acabó con mi fantasía, con el romanticismo de la que yo pensaba sería mi luna de miel. Quise regresar de inmediato a México, sin embargo él me lo prohibió, me amenazó, y pese a todo lo sucedido accedí a continuar nuestro viaje sobre todo pensando en el que dirán si regreso antes de tiempo. Me sentí culpable de provocar esta situación y te insistirle hasta hartarlo.

Por las mañanas trataba de contentarme, y tomaba muchas fotos en los pocos momentos donde yo sonreía.

Regresamos de luna de hiel, nos hablábamos solo para lo indispensable, cuando llegaba la noche, solo abría mis piernas y "cumplía" con su parte.... que denigrante.

El tiempo pasó, cumplimos 8 meses de tortura marital, me contaba cada peso que gastaba, y casi no nos veíamos, él se la pasaba viajando, hasta que un día a las 3 de la madrugada sonó el teléfono y él contestó, bajé a tomar agua y en el teléfono de la cocina oprimí el botón de speaker, quería escuchar aquella conversación, en efecto era un hombre desesperado, suplicándole que me confesara a mi su esposa, que se amaban y que esta farsa se tenía que terminar, que de no ser así, él se quitaría la vida.

Me desmoroné, mi mundo llegó hasta ahí, mis manos y mis piernas temblaban, no había nada que reclamar, ¿Competir con un hombre por el amor de mi esposo?.... ¡absurdo!

Por mi cabeza pasó una y mil veces la idea del suicidio, de irme a Tumbuctú o a el lugar mas recóndito sobre la faz de la tierra, como enfrentar a una sociedad asfixiante que me señalaría eternamente como la timada, como enfrentarme a mi misma, mi valor como mujer había quedado mas allá del suelo.

Hoy afortunadamente después de mucho esfuerzo, estoy bien, lejos pero bien, decidí como parte de mi estrategia para olvidar partir de misiones, estoy en Kenya en Africa, estoy en paz conmigo misma, y reconstruyendo lo poco que quedó de mi después de esta experiencia que no se la deseo ni al ser mas vil de la tierra, le agradezco tanto a la vida el no haberme dado hijos, pues mi lastre sería aún peor. De él no quiero saber nada, nunca mas.

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