Un día de enero frío, gris y lluvioso, fui a inscribirme para iniciar la maestría en administración de empresas, en el camino mi auto derrapó y choqué contra un camión de materiales, fui a dar al hospital, llegó por mi la ambulancia, solo recuerdo hasta que me subieron a la camilla, se acercó una socorrista, me dijo no te preocupes todo va a estar bien, después de eso quedé inconsciente.
La verdad me salvé de milagro, por fortuna traía puesto el cinturón de seguridad y el daño se limitó a un par de costillas rotas, la clavícula rota, y mi pierna izquierda quebrada en 3 pedazos, la recuperación tardó, adiós a mis sueños, adiós a mi maestría, adiós a mi trabajo cuando menos por un buen tiempo.
Me sentía un estorbo, mi mal humor fue en aumento conforme pasaban los días, mi familia y hermanos se preocupaban por mi, sin embargo ellos tenían sus propias actividades, tenían sus vidas, y yo aquí de estorbo empañando su felicidad. Me atormentaba y daba vueltas una y mil veces en la escena del choque, me reprochaba no haber sido más prudente y manejar con cautela, revivía una y otra vez ese momento y me frustraba.
Me comencé a aislar de mis amigos, no quería ver a nadie ni que nadie me viera.
Un día a punto de irme a la rehabilitación, después de 4 meses de sucedido el accidente, recibo una llamada de Laura, ¿Laura? no conocía hasta ese entonces a ninguna Laura, y decidí no contestar, le pedí a mi madre que me negara, no le tomé importancia, ella solo le dijo a mi mamá que tenía algunas documentos míos y que su interés era entregármelos.
De pronto recordé que estaban desaparecida mi papelería para inscribirme a la maestría, ya no supe que sucedió con mi coche ni con lo que llevaba adentro hasta este día que recibí la llamada.
Mi madre le dijo que pasaría por ellos a donde ella lo indicara, y así fue, recuperé mi copia de cedula notariada, mi acta de nacimiento, mi cárdex y mi credencial para votar,
Le pregunté a mi mamá como le había ido, y me dijo que bien, que era una muchacha muy guapa y que estaba muy apenada por no haber entregado esta papelería antes, pero le había sido imposible entrar en contacto contigo, los papeles llegaron a ella porque era una de las socorristas, que me brindaron los primeros auxilios y en el momento del accidente yo nunca me separé de mis papeles, hasta que me subieron a la ambulancia se dieron cuenta que los traía en la cintura.
Un día fui a rehabilitación al hospital, en ese momento iba llegando una ambulancia y por el pasillo rápidamente transportaban a una persona, me orillé para dejarlos pasar, al hacerlo torpemente tropecé con ella, era Laura, recordé de golpe su rostro, aquél día que me auxilió, y me dijo todo va a estar bien. Era hermosa, es hermosa.
La esperé a que terminara de atender al herido que llevaban en camilla y de regreso la intercepté, ella se acordó de mi, la invité un café a la cafetería del hospital y desde ese entonces nos hemos identificado plenamente, ese día se terminó mi obscuridad, Laura es mi motor para seguir, para superar mi tragedia, para asimilarla como una pretexto del destino para conocerla, ella es lo mejor que me ha pasado, mi ángel. Laura, gracias, no sé como compensar toda la luz que trajiste a mi camino obscuro.