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Cómo encontrar la felicidad con la familia
Por Norah y Jorge Zuloaga
Narra un pequeño cuento, que en una ocasión un reportero logró que Dios le concediera una entrevista, pero el secretario de Dios le hizo la aclaración de que solamente podría hacerle una pregunta.

El reportero meditó durante varios días tratando de encontrar la mejor forma para aprovechar esa magnífica oportunidad periodística, y tratando de sacar el máximo provecho de la entrevista, le hizo la siguiente pregunta:

- "Señor Dios, ¿Qué es lo que más te asombra de los hombres?"

Dios, complacido por la habilidad del periodista, lo miró sonriente y le respondió:

- "Que buena pregunta. En realidad, me asombran muchas cosas, pero para responder a tu pregunta, voy a hablarte de lo más importante.

Lo que más me asombra de los hombres es que se aburren de ser niños, en su afán de llegar a ser adultos... Y una vez que son adultos, añoran su niñez y anhelan volver a ser niños.

Por tratar de hacer dinero, descuidan su salud y luego, gastan el dinero que ganaron, para tratar de recuperarla. Por pensar en el futuro, descuidan su hora actual, por lo cual, no viven ni el presente, ni el futuro.

En fin, viven como si fueran a morirse y ... mueren, como si no hubieran vivido. Hoy en día la gente se mantiene corriendo de acá para allá, muchas veces sin tener claro el porqué o el para qué, haciéndole perder la oportunidad de apreciar el aquí y ahora.

Se quejan, y por lo mismo no disfrutan lo que tienen, ni lo que viven. Se pasan el tiempo pensando en un futuro que quizá nunca vendrá, y cuando el futuro tan anhelado finalmente se presenta, tampoco se disfruta, porque ya la mente está puesta en un nuevo futuro, de tal manera que la vida se les "escurre entre las manos" sin haberlo vivido. Entre las familias actuales es común encontrar este tipo de actitudes y conductas. Tanto él como ella se "matan trabajando", para poder dar a sus hijos "lo mejor".

Están tan absortos en un mar de actividades y viven tan preocupados por ese afán de asegurar el futuro de la familia, que no viven el presente y descuidan lo esencial: su relación de pareja, la convivencia familiar y su propia vida.

Las decepciones

Cuando se pregunta a las personas: ¿por qué y para qué te casaste? ¿Por qué quisiste formar una familia? La mayoría responde algo así como: porque buscaba ser feliz, porque quería realizarme o porque creímos que éramos capaces de hacernos felices mutuamente y hacer felices a nuestros hijos.

En esencia, existió una intención positiva y constructiva, sin embargo, muchas parejas con el tiempo, se decepcionan, porque las cosas no salen como esperaban y transmiten esa decepción a los demás miembros de la familia.

¿Por qué ocurren esas decepciones?

Cuando se profundiza al respecto, se encuentra que la idea de felicidad, difiere mucho de una persona a otra y por lo mismo, aunque aparentemente tenían una meta común: la felicidad; en realidad, estaban buscando metas muy distintas, incluso opuestas.

Muchas personas visualizan la felicidad como una condición futura, quizá ligada al logro de ciertas metas. Piensan que la felicidad es un estado, o un nivel al cual se llega y una vez alcanzado, ya se puede disfrutar de manera permanente.

Sin embargo, la realidad es muy diferente, la felicidad es un conjunto de pequeños "chispazos", de momentos cortos y fugaces que se presentan de manera inesperada y que se van con la misma velocidad con que llegaron.

El tesoro perdido

  • La visión equivocada que se tiene de la felicidad, hace a las personas incapaces para disfrutar de esos pequeños momentos que pueden hacer que las personas experimenten la alegría de estar vivos.
  • La felicidad no es un estado al cual llegar, la felicidad es una actitud, una decisión personal.
  • Se está dejando que se escape, sin apreciarlo y disfrutarlo, ese tesoro de vivir un día más, realizar algo positivo.
  • El hecho de estar sanos, juntos, poder compartir un momento con la pareja o convivir con los hijos, inclusive, la posibilidad de compartir dificultades.
  • Siempre se ha comentado que los extremos son malos y en este aspecto de las relaciones familiares, no hay excepción.

    Uno de esos extremos sería una excesiva preocupación por el futuro, que impida disfrutar de las pequeñas situaciones diarias. Vivir con esa ansiedad, además limita el crecimiento personal y anula la posibilidad de disfrute.

    Por otra parte, un exagerado enfoque al presente, borrando toda previsión para el futuro es también un error y una muestra de inmadurez.

    Una guía para la convivencia

    A continuación se presentan algunos de los mecanismos que pueden ayudar a la familia en su diario interactuar:

  • Estar atentos para descubrir juntos momentos de felicidad.

    Apreciar y capitalizar juntos los pequeños detalles que la vida les ofrece, esos "chispazos". Apreciar y evaluar las cosas que se les ofrecen hoy, en vez de estar pensando en lo que ya pasó o lo que vendrá.

  • Compartir las experiencias felices.

    Hay ocasiones en las que uno de los miembros de la familia vive un momento especial, tiene una experiencia positiva. Compartir con la familia esa experiencia y hacerla partícipe de la propia felicidad. Aprender a disfrutar del hecho de ver felices a las personas que amamos.

  • Hacer énfasis en lo positivo.

    Todas las personas tienen cualidades y defectos. En lugar de enfatizar en los defectos, el ver, apreciar y resaltar las cualidades del cónyuge y de los hijos permite disfrutar más de la convivencia en familia.

  • Definir objetivos comunes.

    Platicar en pareja, en relación a lo que es importante y satisfactorio para ambos, e involucrar a los hijos cuando tengan edad para participar, a fin de buscarlo como meta común y a la vez, definir lo que podría ser un estorbo para la felicidad de los involucrados, para evitarlo.

  • No esperar llegar a la meta sino disfrutar del camino.

    Aprender a disfrutar del proceso. Como cuando se hace un viaje, se pueden disfrutar más los preparativos y las ilusiones que el mismo viaje.

  • Hacer sentir a los demás miembros de la familia que realmente son importantes.

    Manifestarles con hechos, a través de los detalles diarios, que realmente son lo más importante, la principal empresa, que realmente se les ama.

  • Buscar de manera consciente el hacer felices al cónyuge y a los hijos.

    El ver feliz a las personas a quienes se ama de verdad, es uno de los mejores medios para lograr la propia felicidad. Todo lo que se haga para lograr la verdadera felicidad del cónyuge y de los hijos repercutirá en la propia felicidad.

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