En mi familia, siempre viajábamos a Guadalajara en el viejo ferrocarril de occidente. Cada año, tomábamos el tren que iba a tierras tapatías para ver a tíos y primos, y cambiar la rutina cotidiana por unos cuantos días. El ruido de las locomotoras y la emoción de los días de vacaciones, nos hacían entender la importancia de nuestros ferrocarriles. Al llegar a la Perla de occidente, todavía sentíamos el motor de las máquinas, "el motor de México", porque mi abuelo Cecilio siempre hablaba de su amor por ese transporte.
Entre las familias mexicanas, las historias que nacieron en los vagones de los trenes le dieron sentido a la unidad nacional por un buen rato. En un viaje como los que se podían hacer en los vagones del ferrocarril, se descubrían anécdotas, sentimientos y perspectivas a futuro, que fortalecían el sentido de la familia mexicana al fomentar una convivencia armónica, integral y sana, donde cada integrante interactuaba con los demás. La visión familiar de comunidad y de mundo se enriquecía en cada viaje, porque el diálogo, que podía establecerse en los trenes, siempre aportaba ideas y sentimientos que propiciaban la cohesión familiar.
Los trenes mexicanos fueron, desde principios del siglo XX, un símbolo de progreso. El porfiriato fue el periodo donde más impulso se le dio a este medio de transporte y comunicación. Buena parte de la exportación minera viajó en ferrocarril de México a Estados Unidos y a las fronteras marítimas para llegar a Francia e Inglaterra (Daniel Cosío Villegas. Et. Al. Historia mínima de México. SEP/COLMEX. 1998) y así, consolidar económicamente al país, a través del comercio exterior.
Entre más vías de comunicación ferroviaria se tuvieran, el desarrollo económico llegaría a más regiones del país. En la última década del siglo XX, surgieron otros medios de transporte para comunicar a todo México. Las principales líneas de autobuses desplazaron a los trenes. La tradición de viajar y disfrutar las pláticas y consejos de los demás, se terminó. Un día, las vías del ferrocarril de Cuernavaca que cruzaban la ciudad de México, quedaron enterradas en el pavimento y la memoria.
Hace unas semanas, la Presidencia de la República anunció que, antes de terminar esta administración, se planea la licitación de la segunda parte del Tren Suburbano, que correrá de Chalco a los Reyes, La Paz, y luego, una línea secundaria conducirá a Texcoco. La línea troncal va a circular de La Paz hasta San Juan de Aragón. (Las Buenas Noticias también son Noticia, 6 de marzo de 2006).
El esfuerzo que se hará en los próximos meses, en materia de comunicación y transporte, tendrá gran impacto en el ámbito social. ¿Podremos preservar nuestras tradiciones familiares, como en los viejos tiempos, y de ahora en adelante, desarrollar un auténtico espíritu de grupo que nos ayude a progresar? ¿Podremos entender que la familia es la base de la sociedad y que sin ella, ninguna acción tiene largo alcance?
La construcción del nuevo tren es un motivo interesante para mejorar nuestras relaciones familiares y sociales, como en los viejos tiempos de los Ferrocarriles Nacionales de México. Sin embargo, para experimentar el sentido de grupo y nuestra unidad familiar, sólo necesitamos encarrilar nuestros vagones personales con los demás y así, echar a andar un ferrocarril de tradición. Todos a bordo.
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