Bueno no sé si esté bien o no, pero me gusta. ya les cuento:
Ella trabaja conmigo y es súper especial, nos hicimos amigos muy rápido, la verdad, empezo un día a trabajar y al siguiente comenzamos a hablar de todas las cosas que nos pasaban y así fueron las cosas sucediendo.
Yo tengo 20 años y ella 36, aún así tiene un espíritu de unos 20 igual que yo. Todo fue bueno, todo me lo contaba, hasta que un día llegó y me dijo que "estuvo a punto de acostarse con un novio" que tenía. Me contó las cosas como siempre, con lujos de detalles.
Yo la escuché como siempre lo hacía y la aconsejaba, pues ella decía que yo era muy maduro para tener esta edad. Pasó el día y en el transcurso de la tarde cuando se despidió me dio un beso, cosa que nunca lo hacía. Una vez que cruzó la puerta de salida empezaron a pasarme muchas cosas por la cabeza, llegué a mi casa y me quedé dormido como a las cuatro de la mañana y pensando en ella me la pase el resto de la mañana. Llegué a mi trabajo, ella estaba ahí, me miraba y yo lo hacía de igual forma pero esta vez era diferente mi mirada hacia ella, era inculcando buscando algo para mí, algo que me regalara.
Así se fueron pasando los días hasta que la invité a salir. Le dije lo que sentía y ella no lo podía creer, decía que "no podía ser, que yo era un niño al lado de ella". Pasaron los días, salí una semana de viaje y cuando llegué supe que este hombre al que ella amaba y yo ansiaba su puesto la había abandonado por otra.
La observé y vi en sus ojos lágrimas de dolor, por mi parte me contenté y a la vez sentí tristeza, pero más emoción, porque ya no había obstáculos.
Salimos un tiempo se dio lo que tenía que darse, fuimos lo que se dice "marinovios" y así somos ahora.
¿Y saben por qué? No me detuve, porque sé lo que sentía y no quería dejarlo pasar. Ahora tenemos una relación, no vivimos juntos, se me olvidaba, tiene una hija de 15 años pero nos la llevamos de maravilla y salimos los tres juntos.
Hasta ahora todo marcha bien, tenemos nuestros horarios de trabajo, de presentarnos en nuestaras casas y en nuestras citas de romance y aventuras.
Ven que lo logre porque fui persistente y aunque me cerraron varias veces la puerta seguía tocando hasta que se abrió completamente. Es sólo un ejemplo para todos esos que dicen o le ponen peros a las cosas, es mejor tarde que nunca.