De reventón en reventón pasaban los días de mi juventud, sin pensar en el futuro, lo importante era vivir el presente, sin miedos, ni restricciones.¿compromisos? Solamente terminar mis estudios universitarios.
La verdad era una vida cómoda y desenfrenada, el alcohol era parte importante de mi diversión, no había amores serios, solamente "ligues" con las chavas. Ese era el ambiente que más me gustaba, no había de que preocuparse, para que trabajar, si "papí" me daba dinero para divertirme.
Hasta que la conocí. Ella era diferente, diametralmente opuesta a mí. Una chica no muy guapa, pero algo en esa mujer me atraía demasiado. A diario la veía caminar por los pasillos de la escuela, había en ella un estilo de persona intelectual que me gustaba, siempre caminaba leyendo un libro y eso despertaba en mi interior un gran interés de conocerla.
Pero ¿Cómo le hacía sí yo tenía fama de ser mujeriego y pachanguero? ¿Cómo reaccionaría ella ante mí?. Esas dudas me intimidaban. Era la primera vez en mucho tiempo que sentía miedo a un rechazo. Pero un día me armé de valor. Sin pensarlo, axompañé sus pasos y le pregunté su nombre:-Aurora- me respondió.
Después de ese corto diálogo, ya no supe que más preguntar ni que decir, los nervios se apoderaron de mí. Entonces Aurora sonrío y con una tremenda carcajada rompió el silencio:
-¿Por qué te pones tan nervioso?- me dijo. Y como un reflejo involuntario, víctima del trastorno mental en ese momento, le conteste: -Porque me gustas.
Pensé que había sido una gran estupidez de mi parte haber contestado de esa manera, pero no fue así. A ella le pareció tan gracioso que no dejaba de reír. Y dese ese momento comenzamos una buena amistad, que poco se convirtió en noviazgo.
Acostumbrado a un ritmo de vida diferente al de ella, a otro tipo de amistades y convivencias, comencé a descuidar la relación. Me embriagaba seguido sin importar las consecuencias. A una de esas noches de parranda, Aurora me acompañó y se dio cuenta de mi verdadero ser. Eso le afectó demasiado, hasta el punto de pedirme que terminaramos con nuestra relación.
En ese momento era la solución más apropiada para mi vida. Ahora sí no había nadie a quien rendirle cuentas de mis actos y podía divertirme sin límites. Pero me di cuenta que había cambiado internamente y al pasar los días comencé a sentirme vacío. ¡Me hacía falta Aurora!
Así que fui a buscarla a su casa para pedirle perdón y decirle llorando que ella era la razón de mi existir, el alimento de mi alma, la redención de mi impureza, que la necesitaba a mi lado, si fuera posible ¡para siempre!
Hoy a diez años de distancia me da nostalgia recordar esos bellos momentos. He dejado de beber, soy un profesionista exitoso, tengo dos hijos y lo más importante vivo felizmente casado con Aurora.