No sé como deba empezar a contarles mi historia... Tal vez, diciéndoles que yo no creía en este tipo de cosas y jamás me hubiera pasado por la mente conocer al amor de mi vida por Internet. He aprendido que uno nunca debe decir ¡NUNCA!.
Esa tarde del 28 de septiembre del 2001 me sentía algo sola, triste y aburrida, así que por un impulso mágico, ingresé a una página donde las personas mostraban sus perfiles y se daban a conocer para entablar amistad.
Yo motivada por la curiosidad, busqué y busqué por largo rato hasta que lo encontré, sí, era tal y como yo lo había soñado. Un hombre que buscaba amistad antes que nada, con valores que yo ya veía perdidos. Le escribí un pequeño mail, contándole sobre mi país mas, nunca esperé que me respondiera. A la semana, me acordé y revisé mi mail, cuando veo un mensaje de él y me contaba muchas cosas de Argentina y de su vida.
Así continuamos por varios meses, escribiéndonos con más frecuencia, poniéndonos citas vía chat y ese tipo de cosas. Ya sentíamos algo muy fuerte y puro, pero aún no nos atrevíamos a decir nada.
En diciembre, yo quise llamarlo y él accedió. ¡Fue lo mejor del mundo! El haberlo escuchado y sentido, brevemente abrió mi corazón. Al día siguiente él me llamó y así nos la pasamos muy seguido.
El 24 de diciembre, nos volvimos a llamar, él me pidió que fuera su novia a lo cual obviamente accedí. Yo estaba muy feliz, aunque mi familia no confiara mucho en la relación debido a la distancia.
En enero me envió un paquete por correo con varios regalos y con eso me dio a entender que las cosas iban muy en serio. Deseábamos conocernos personalmente. Quise viajar a la Argentina sola, pero él por mi seguridad no me lo permitió.
Así que el 13 de junio de este año, en el Aeropuerto El Dorado de mi país, yo lo estaba esperando con muchísima emoción. Allí nos vimos por primera vez y descubrimos en nuestras miradas que estábamos hechos el uno para el otro. Se quedo en casa con mi familia, salimos de paseo y nos involucramos afectivamente de manera muy fuerte.
El 25 de junio del mismo mes, yo viaje con él para Argentina a conocer a su familia. Allí me quedé durante un mes, en el cual descubrí el cielo de su mano.
Hoy, estoy en Bogotá terminando mi carrera y en diciembre pensamos viajar para vivir allí juntos los dos, sin separarnos, porque ahora sabemos que si la vida nos unió de esta manera, fue porque así estaba escrito en nuestros destinos.
Esperamos casarnos y formalizar nuestro compromiso ante Dios pues, es lo más grande que me ha podido regalar...