Bueno mi historia no comienza ahora sino hace varios años justamente cuando tenía 14.
Siempre piensas que el amor de una persona a la que crees conocer será ti y que nada te puede pasar, más a esa edad en la que crees que todo es fácil.
Así fue como conocí a Alejandro, ese era su nombre, una persona que decía entregar todo, amor, sinceridad, pasión, dolor, y demás cosas que conlleva esa pequeña frase "amor".
Lamentablemente para mi siempre significo todo, dejé a mi familia aún estando tan joven, amis amigos, mi ciudad, todo por seguir al amor, pero pareciera que este es como la olla de oro al final del arco iris, algo que todo el mundo sabe pero que nadie lo ha visto a ciencia cierta.
Así cuando menos transcurrieron cuatro años en los que vivía feliz en un mundo que no conocía, en el amor y la pasión que no conocía en ese entonces y en que realmente puede crecer el amor entre personas del mismo sexo.
Pasado el tiempo descubrí con dolor que la persona que juraba amarme sobre todo en el mundo, me engañaba y decidí que era hora de terminar con esa relación que conmenzaba a hacerme daño en lugar de hacerme crecer como persona, claro que la ruptura fue dolorosa y penosa, más por que fue en la vía pública, con lagrimas y gritos de ambos lados.
Al final en lugar de sentirme libre me sentía más culpable que nada, no pasó mucho el tiempo, días, si acaso unos días, cuando sentí que algo me arrebataba el amor para siempre y era la el ángel de la muerte que se llevaba para siempre a mi vida y amor y lo mas doloroso fue dejarlo ahí en un lugar obscuro, frío, solo. Donde sé que jamás podrá salir y que pase lo que pase estara ahí encerrado en la obscuridad.
Han pasado los años, ahora vivo en otra ciudad, con otras personas y siempre mirando al futuro, el pasado se quedó enterrado en un panteón de la Ciudad de México, el presente me llevará a tierras lejanas.