Mi historia a lo mejor es como tantas otras, sin embargo bien dicen que uno vive su dolor y siempre lo siente como más grande que cualquier otro.
Conocí a Antonio en abril de 1998, un mes antes había perdido al ser más querido: mi abuelita Eloisa Q.P.D., su muerte me dejó totalmente mal y él vino en el momento justo para aliviar ese dolor que sentía.
Nos hicimos novios y así duramos casi tres años, yo nunca había amado así a nadie y estoy segura que nadie me quiso como é. Lamentablemente no todo dura toda la vida, me embarace de él y antes de eso ya teníamos algunos problemas porque casi no nos veíamos ya. Así que decidí separarme de él antes de nacer mi hijo.
Nunca dijo nada, aceptó nuestra separación y eso me dolió en lo más profundo, pensaba que me amaba... Pasó el tiempo y seguí adelante, nunca lo busqué, hasta que nació mi precioso hijo.
Él me buscó y yo aún lo amaba y me pidió perdón, que por favor regresara con él y que nos casáramos. Regresé y todo empezó aunque sólo por un tiempo como antes, no quería casarme aún, tenía dudas, algo en mí me decía que no, que algo andaba mal, el sólo me decía que ya nos casáramos, que nos necesitaba a mí y a su hijo a su lado. Total que se cansó de esperar y empezaron de nuevo los problemas entre nosotros, la razón por la que no quería casarme era porque él siempre estaba conmigo en los mejores momentos, pero nunca en los peores.
Creo que eso nunca pude perdonarle, así que de nuevo decidí dejarle, nos dolió a los dos pero de nuevo no dijo nada y aceptó. A la fecha llevo casi cinco años separada de él, lo he visto algunas veces porque su familia es muy buena conmigo y con el niño. Jamás han dejado de frecuentarnos y nos quieren sinceramente, a mi no me ha gustado mucho esa situación puesto que nunca me ha permitido olvidar, pero tampoco puedo quitarle a mi hijo el derecho de convivir con ellos que tanto lo quieren y nos han apoyado.
Al principio Antonio seguía viendo a nuestro hijo, pero hace ya más de dos años que ni se ocupa de preguntar por él. El niño aunque visita a su primos y su abuela, nunca lo ve, a veces me pregunta por su papá, sólo puedo comentarle que tiene mucho trabajo y por eso no puede verlo.
El distanciamiento de él hacia su hijo empezó cuando yo me di cuenta que él ya tenía alguien más al mes de separarnos, cosa que me afirmó que no me amaba tanto como pensaba, decidí por la vía legal de que estuviera mi hijo siempre a mi custodia, él siempre me decía que no quería que estuviera con nadie más o me quitaba al niño.
Al verle yo con alguien fue que tomé esa decisión y fue más de un año de juicios, pero mi bebé está conmigo, creo que fue algo de lo cual él me ha guardado rencor, él no se ocupa de su hijo ni económicamente ni mucho menos sentimentalmente. Puedo imaginar que sufre, que tiene remordimientos, pero el orgullo nunca lo va a dejar cambiar las cosas por lo menos con su hijo.
Aún ahora después de todo ese tiempo yo lo amo, con nadie más conocí el amor más que con él, pero no espero nada, ni tengo ninguna esperanza, incluso aunque la hubiera yo sería la primera en no aceptar una renconciliación, menos a sabiendas que él ya tiene alguien serio en su vida.
Sólo espero que sea feliz, no sé porque se dieron así entre nosotros las cosas que nos amabamos en un principio tanto. Él piensa o más bien todos piensan que ya lo olvidé, que me es indiferente, no se imagina nadie cuánto me cuesta el serlo, no ha habido un día de mi vida desde nuestra separación que no siento ese dolor en el pecho, de tristeza, de melancolía.
He salido con muchos otros hombres pero el corazón no ha dejado entrar a nadie más a pesar de todo, lo único importante para mí desde entonces es mi hijo, él llena todo lo que me hace falta y no hay un día que no de gracias a Dios por tenerlo a mi lado, por poder cuidar de él.
Lo único que lamento es el no poder darle la vida de padre-madre que hubiera querido para él, Dios sabe por qué pasan las cosas, sólo puedo decir que espero que seas feliz, que Dios te cuide y que ojalá nunca llegue a tu corazón el arrepentimiento de que tu hijo haya tenido que pagar nuestros errores.
Siempre te voy amar, en silencio