De niñas, Yadira y yo fuimos muy buenas amigas. Siempre estábamos juntas, como dice el refrán "en las buenas y en las malas". El problema fue cuando comenzamos a entrar en la pubertad, ella tuvo la suerte de
desarrollar un cuerpazo, de ser la chica que todos miraban, mientras yo empecé a ver cual iba a ser mi realidad, era como la amiga fea, desgraciadamente a mí no me fue tan bien como a ella, mi cuerpo está lleno de grasa, soy un cerdo que comparada a ella, me doy lástima.
Esa gran amiga que tenía, para mí ahora, es mi enemiga. Siento una gran envidia y maldigo cada día de mi vida el porque Dios a ella si le dió el don de la belleza, mientras a mí me castigó con una fealdad repugnante, parezco un monstruo, inspiro asco en la gente, nadie se atreve a platicar conmigo, me tienen miedo y los que me dicen algo es para ofenderme o por pura lástima me hablan.
Yadira acostumbra a ponerme en ridículo, según ella con el pretexto de que salga a conocer chavos, soy como la alternativa para los amigos de sus pretendientes. Cuando quiere salir algún lado con su novio y va con ellos un amigo, me llama para que yo sea la compañera del amigo. Pero sé que en el fondo lo hace para humillarme, porque sabe que mi apariencia tan patética va a generar un rachazo por parte de su grupo de amigos.
He decidido no salir de mi casa, prefiero quedarme encerrada para que nadie tenga compasión de mi, ni seguir dando lástimas. Ya no quiero caminar junto a Yadira, mientras ella es el centro de atención por su belleza yo soy el centro de la más grande repulsión por mi horrible apariencia.
Es mejor mantenerse lejos de esta sociedad tan prejuiciosa que me ha hecho un gran daño psicológico al no aceptarme dentro de su concepto de lo que puede ser hermoso. Soy una chica que no está hecha para este mundo, lo cual me ha mantenido pensando últimamente como puedo encontrar el verdadero lugar a donde puedo ir sin sentirme tan desdichada.
Ese lugar no está en la vida..