Aquella tarde de invierno se tornó más fría de lo que era, bueno así lo sentí yo cuando la ví salir de su trabajo con otro hombre. En ese momento el mundo se me vino encima, no pude evitar que la rabia se apoderará de mi alma y mi reacción inmediata fue un arrebato violento contra el imbécil que se iba con mi novia.
Ahí fue cuando me dí cuenta de lo que en verdad valía para ella, en lugar de estar de mi parte se puso a favor del taradito ese que me había quitado en un solo instante a la que pensé era la mujer de mi vida.
Cinco años de noviazgo se fueron por el caño. Ya hasta habíamos hecho planes de boda e incluso separado un salón para la fiesta y empezamos a pagar su vestido de novia.
Pero todas las ilusiones, proyectos y metas que me había forjado con ella se desvanecieron, tal vez yo sea el culpable al no darme cuenta en que estaba fallando pero ella nunca tuvo la sensatez de decírmelo.
Después de ese día fatídico no he podido recuperarme, dejé de creer en el amor, entregué gran parte de mi vida a ella por nada, para que simplemente se burlara de mí.
Ahora solamente espero el momento de que sienta lo que yo sentí, sufra lo que he sufrido y llore como largas noches lloré. Ese gran amor que le tenía se ha convertido en un inmenso odio que hasta he pensado en hacerle daño a ella y a su imbecilito.
No hay cosa que me haría más feliz que verla retorcerse de dolor como el que me causó al cambiarme aquella tarde. Sé que el destino es muy sabio y me dará la oportunidad de desquitarme. Sólo vivo esperando ese momento, no me interesa nada más porque ella se llevó todo lo interesante de mi vida y quiero que al menos no se quedé con eso.
Tal vez es una obsesión, una enfermedad o me he vuelto loco pero esa es mi única aspiración y sé que pronto llegara la revancha.