Te invito hacer una reflexión tras leer la historia de mi vida. No trato de convencerte de nada, ni de darte un consejo, ni espero tu compasión. Simplemente intento que te des cuenta hasta donde se esfuerza en ocasiones el ser humano para perder todo a cambio de nada.
Si eres joven y te gusta el reventón, practicar el sexo sin importar con quien y eres adicto a las drogas, toma unos minutos para que conozcas mi caso.
Cuando era niño mis padres me acostumbraron a darme todo lo que les pedía, era su único hijo y ellos me trataban como a un rey. Nunca me faltó el nuevo juguete de acción que anunciaban en la televisión todo lo que quería me lo compraban. Así fui creciendo, acostumbrado siempre a tener todo lo que quería y hacer lo que se me diera la gana, al fin y al cabo mis padres no podían oponerse por miedo a que yo me fuera a enojar conmigo.
Fui un niño y adolescente mimado de una familia de clase media. Como nunca sentía presión, ni reprimendas de ningún tipo, salía mal en las clases o no iba a la preparatoria. En mi etapa adolescente conocí a un grupo de chavos que conformaban una banda (pandilla). No quise quedarme atrás así que me junté con ellos y fue cuando por primera vez probé la mariguana.
Con el tiempo mi madre se dio cuenta que andaba en malos pasos, pero ni ella ni mi padre nunca tuvieron el valor de llamarme la atención. Con la banda me pasaba las horas, le tome sabor a la droga que poco a poco fue cambiando de mariguana a cocaína. Todo era tan "cool".
A la preparatoria solamente nos acercábamos a vender "grapas" a chavitos menores que nosotros. Hasta que un día nos pescaron y nos llevaron a la cárcel. Estaba seguro que mis padres me iban a sacar de ahí. Y así lo hicieron, a los tres días pagaron una fianza para sacarme, aunque para esto mi papá haya tenido que vender su auto y pedir un préstamo en su trabajo. Eso no me importó.
Cada vez se fueron haciendo más atractivas las drogas para mí, hasta que le "entré" a la heroína. Era tan excitante sentir como al inyectarla recorría ese calor por todo mi cuerpo y me ponía en trance. Me hice un adicto.
Fue hasta entonces que mis padres decidieron por primera vez en su vida tratar de reprimirme y ponerme límites. Ya era muy tarde. Dejaron darme dinero, pero yo se los robaba . No había forma de calmar ese apetito voraz, necesitaba saciar mi mente, mi cuerpo con un "toque". A ellos no les quedó otro remedio que internarme en un centro de readaptación.
Ahí no duré mucho tiempo porque me escapé. La ansiedad me devoraba tenía que inyectarme heroína y volví con la banda. Nunca más regresé a mi casa. Pero como ya no había dinero para comprar la droga, debía hacer algo para conseguirlo. Así que comencé a prostituirme, sí es doloroso decirlo, vendía mi cuerpo a enfermos mentales que les gustaba tener sexo con jóvenes de 16 años.
Por lo regular eran personas adineradas que llegaban en sus lujosos automóviles siempre en la misma esquina en busca de placer. Me obligaban a hacer cosas denigrantes, pero a mi no me importaba, todo lo hacía para poder drogarme.
En una de esas ocasiones un "cliente" se dispuso a drogarse conmigo, era tanta la mercancía que traía que caí en una sobredosis. Solamente recuerdo que volví en mi en un hospital. Estaba muy asustado. Vi a un lado mío a mis padres quienes preocupados me pidieron que probara de nuevo rehabilitarme. Acepté y me volvieron a internar en la misma casa hogar de donde una vez me había escapado.
Fue sumamente difícil, las alucinaciones, la ansiedad, los nervios, la soledad me tentaban a abandonar todo y perder mi fuerza de voluntad. Pero gracias a Dios pude lograrlo, superé mi adicción, dejé de drogarme.
Pero en la vida todos los excesos son malos y siempre pagas por tus errores. Comencé a sentirme mal desde hace como dos meses. Perdí el apetito, comenzaron a salirme en mi cuerpo unas manchas rojizas.
Fui a que me realizaran unos estudios. Resultó que soy portador del VIH. Precisamente cuando quería comenzar una vida nueva, la muerte se burla a mis espaldas.