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El secuestro me robó el amor
Por Sergio
Nunca crees la atrocidad a la que puede llegar el ser humano, hasta que no la vives en carne propia. Era común que día tras día en los periódicos y noticieros del país, la noticia del momento estaba relacionada con el alto índice de delincuencia existente.

Pero uno siempre es indiferente a lo que sucede y se refugia en el clásico pensamiento de "a mí no me ha pasado y nunca me pasará", entrando en un plano de conformismo del cual es difícil poder despertar, siendo necesario un golpe cercano para que ese letargo termine. Eso sucedió en mi vida que ya no ha sido la misma desde aquel desafortunado suceso.

Acababa de casarme con la mujer de mis sueños, ella se llamaba Berenice, era hermosa, una gran compañera. Una noche decidimos salir a cenar y de ahí nos pasamos al cine, quien iba pensar que en las "tranquilas" calles de la ciudad donde vivíamos, podrían pasar estas cosas.

Al terminar la película, mi esposa y yo regresábamos a nuestro hogar, cuando una camioneta se interpuso en nuestro camino. Del vehículo bajaron tres sujetos encapuchados y con armas de grueso calibre, nos obligaron a bajar del coche.

Luego nos obligaron a quitarnos la ropa y los zapatos, para posteriormente subir a la camioneta, no podíamos levatar la cara porque nos golpeaban, mi esposa lloraba y yo no podía consolarla.

Nos vendaron los ojos y nos llevaron a un lugar donde nos tenían separados. Escuchaba que mi esposa gritaba que la dejaran en paz, que ya no abusarn de ella. Yo estaba amarrado de pies, manos y espíritu, no podía hacer nada. Solamente oía como esos "animales" se reían y se turnaban para violarla, mientras a mí me amenazaban con matarme si no les daba las cuentas confidenciales de mis tarjetas de crédito.

Perdí la noción del tiempo, solamente sabía que transcurrían los días por la claridad y las penumbras. Los criminales, no satisfechos con lo que ya me habían quitado, comenzaron a llamarle a mi familia y a la de mi esposa para pedir recompensa.

Fue horrible hablar con mi padre, sentir su angustia y deseperación, pero sabía que él iba a acceder a entregar lo que los plagiarios le pidieran.

Lo que más me preocupaba y me llenaba de incertidumbre es que ya tenía tiempo que no escuchaba ni siquiera un lamento de mi esposa.

Intempestivamente los sujetos me subieron a la camioneta, me arrojaron a la orilla de la carretera, yo todavía iba atado, desnudo y con los ojos vendados. Saque fuerzas de mi interior y comence a gritar el nombre de mi esposa, nadie respondía.

Ya había perdido toda esperanza de vivir y estaba resignado a morir, cuando de pronto escuché que un auto se detuvo. Me quitaron la venda de los ojos, lo primero que ví fue el cuerpo sin vida de mi esposa. Renegué de Dios, quería morir. La persona que me había encontrado era mi padre. Él había vendido sus propiedades para pagar por mi vida. la cual me habían robado, se fue con Berenice por culpa de la impunidad.

Por razones obvias, no he querido revelar mi verdadera identidad, aún temo por la vida de mis padres y familiares, pero sé que es necesario denunciar de alguna manera lo que pasa en este país y por eso decidí contar mi testimonio.

Ahora creo que ni una marcha, ni la pena de muerte, podrán borrar de mi alma el sufrimiento, la angustia y el dolor por la pérdida de mi amada.

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