Nací con un problema en mi metabolismo que no me permité adelgazar. Por más esfuerzos que haga, dietas, dejar de comer, estoy destinada a ser obesa. Por está razón siempre he sido víctima de la burla de la gente que desde niña me han puesto motes como el de cerdita, marrana, gorda y no entienden que lo que tengo es un trastorno con mi tiroides.
Creo que todas esas cuestiones me han ido dañando psicológicamente, por lo cual crecí con muchas inseguridades e incapaz de entablar una conversación con un hombre. Esto me motivó a escudarme en mi diario que era el único que podía escuchar mis inquietudes sin reírse de mí, ni cuestionarme.
Mi familia, aunque no lo quieran aparentar, también me ve con recelo. Mis hermanas no me invitan a salir con ellas cuando van a una disco o alguna fiesta, posiblemente les da vergüenza andar conmigo.
Así que desde hace unos pocos meses descubrí la manera para comunicarme con los hombres sin que ellos pudieran descubrir como era yo físicamente. Así comencé a conocer "amigos" de muchas partes del mundo, por medio del chat. De pronto mi mundo se volvió maravilloso, era la primera vez que recibía frases cariñosas de los demás. No había nada más allá de la red, ahí tenía lo que siempre había añorado. cariño.
Tanta era ya mi obsesión de entrar a internet que las horas del día no alcanzaban para platicar con mis nuevas amistades. De pronto comenzó una relación muy estrecha entre un chavo y yo. Su nick era "carlo" quien me contó por el chat toda su vida, el tenía 32 años, 6 años más que yo, era divorciado. Él insistía en que le gustaría conocerme pero yo tenía miedo a que en el momento en que me viera dejará de comunicarse conmigo. Decidí hablarle con la verdad, le revelé que era una persona obesa y que lo más seguro él así no me iba a aceptar.
Entonces él me dijo que eso no le importaba, me comentó que yo lo había cautivado con la dulzura de mis palabras y que aceptará a salir con él. Entonces acordamos en vernos. Recuerdo perfectamente ese día, él llegó con un gran ramo de flores, era un tipo moreno, alto, robusto, con un bigote muy pronunciado. Al verlo me emocioné mucho, pero al mismo tiempo el miedo me impedía salir a recibirlo. Así que me decidí, salí en busca del amor.
Él al verme por primera vez aparentó un gran gusto. Salimos al cine, después me llevó a cenar. Pero había una diferencia, él casi no platicaba como lo hacía en el chat, solamente quería aprovechar cada momento para tocarme mis glúteos y darme besos. Al principio eso no me incomodaba, pero ya cuando salimos por tercera ocasión, sin consultarme, ingresamos en su coche a un motel.
Le pregunté que cuales eran sus intenciones. Él me contestó que deseaba tener relaciones sexuales conmigo, en esos momentos mi conciencia entró en un gran conflicto, ya que era la primera vez en 26 años que iba a saber que era entregarse a un hombre. Así que decidí entrar a la habitación, él comenzó a tocarme pero nunca quizo desvestirme solamente me hizo el sexo sin quitarme la ropa. En ese momento me sentí usada y le reclamé. Entonces él se burló y me dijo que como era posible que yo pensará que alguien iba a querer una relación sería conmigo ¡que me viera a un espejo!
Desde ese momento siento que estoy destinada a vivir sola y que el amor es una excusa para abusar de las personas como yo.