El dolor sigue en la mente es imposible olvidar el daño que hizo a mi inocencia. Era abominable, realmente horrible como una y otra vez, sin ningún remordimiento, abusaba de mí, su hija de 12 años.
Crecimos en una rural yo era la mayor de cuatro hermanos. Mi madre era víctima de los golpes de mi padre, siempre vivía maniatada y amenazada por él.
Todos le teníamos miedo era muy agresivo, tenía un grave problema con el alcohol. Una de esas veces que llegó ebrio a la casa, aprovechando que yo estaba dormida, me cargó y me llevó a un sembradío cercano a nuestro hogar. Fue cuando comenzó a marchitarse mi vida. mi padre me violó.
En ese momento comencé a gritar, me golpeó y advirtió que si yo se lo contaba a alguien me mataría. No me quedó más opción que tragarme mi dolor a causa del miedo.
Pero ahí no terminó mi martirio, porque él adopto como una costumbre abusar de mí cada vez que tomaba. Fueron días de sufrimiento ¿pero que podía hacer? Tenía temor de morir.
Pasaron los días, las aberraciones de mi padre no se podían ocultar, se estaban volviendo cada vez más evidentes ¡resulté embarazada! Él al darse cuenta quiso montar una farsa frente a mi madre, desacreditandome y preguntando lo que él ya sabía. "¿quién era el padre?". Con todo el rencor de mi corazón me atreví a responder que él era, mi madre no lo podía creer, yo con lágrimas en mis ojos le dije que mi padre me violaba constantemente. En ese momento el intentó golpearme, alegando que no era cierto pero mi madre se interpuso entre los dos. Aproveché para salir corriendo de mi casa y perderme entre los sembradíos.
Ya no me importaban las amenazas de mi padre, incluso sentía ganas de quitarme la vida. De pronto escuche un grito de mi madre, me estaba buscando. Al fin ella me encontró y me pidió que regresara a la casa, se veía que estaba muy abatida por lo que había sucedido. Me dijo que mi padre se había marchado de la casa y que ya nunca volvería. Así que decidí regresar.
A los pocos meses nació mi hijo. A mi madre le importaba mucho el que dirán, así que decidió que abandonáramos el pueblo. Emigramos a la ciudad a casa de un tío hermano de mi madre. Quien estaba dispuesto a guardar el secreto de lo que había pasado.
Mi madre decidió hacerle creer al bebé desde el principio que él era hermano de nosotros y nos pidió a todos que siempre guardáramos el secreto.
Acababa de cumplir los 18 años y fue en esos días cuando ví parado en la puerta de la casa a mi padre, no lo podía creer, era como si se me hubiera aparecido el mismo diablo. Le dije que se fuera, en eso mi madre me calló. Ella le había pedido que regresara con nosotros.
No lo podía creer, eso no debía estar pasando. Fue entonces cuando me armé de valor y fui a denunciarlo ante las autoridades. No me creyeron. Me custionaron el porque el producto de la violación no había tenido ningún problema al nacer, deformaciones, síndrome dawn o alguna otra enfermedad derivada de un incesto y no investigaron más a fondo.
Ahora que vivo sola he tratado de darle una razón a mi existir, pero en mi mente sólo aparece la palabra injusticia, me será difícil seguir, quizá no tenga caso hacerlo.