Mis recuerdos me persiguen, atormentan y castigan, es difícil vivir con estos remordimientos. Tengo una gran deuda con la vida, ya me está cobrando la factura. Es imposible acabar de pagarla, el arrepentimiento no basta, fue muy grande mi pecado.
Salí de mi hogar para irme estudiar a la gran ciudad, estaba ilusionada con cursar una carrera universitaria y poder realizar mis sueños. En la ciudad conocí a cinco chicas que también eran de diferentes partes del país. Nos juntamos y decidimos rentar un departamento.
Mis compañeras dedicaban sus días enteros al estudio, yo me comencé a interesar en otras cosas. Quería experimentar, estaba obsesionada con tener relaciones sexuales.
Comencé a salir con chavos, en cada cita mi deseo sexual se ponía de manifiesto, yo les proponía que me llevaran a la cama. Al principio era en un hotel, después fui violando la intimidad de mis compañeras al llevarlos al departamento.
Cada semana era uno diferente, mis compañeras me decían que iba a terminar mal, que estaba mentalmente enferma. Yo en lugar de hacerles caso, sentía que mi apetito sexual no se satisfacía. Pero ellas tenían razón fue muy tarde para darme cuenta...¡estaba embarazada!
Lo peor de todo es que no sabía de quien iba a ser esa criatura. Mantuve en secreto mi embarazo, ni mis compañeras y ni mi familia estaban enteradas de lo que me estaba sucediendo.
Hasta que un día ya no pude ocultarlo, la naturaleza me había delatado. Los dolores del parto se manifestaron frente a mis compañeras. Empalidecí, comencé a sudar frío. Las chicas estaban asustadas, no sabían que hacer. Como pudieron me llevaron al hospital.
Un varón fue el resultado de mis aventuras. Les pedí a las chicas que guardaran el secreto. Así podía yo ganar tiempo y buscar la manera de explicárselo a mis padres. Pero después de pensarlo por varios días, fue entonces que decidí ...deshacerme del bebé.
Me enteré que una pareja infértil ofrecía una jugosa cantidad de dinero por un recién nacido y sin ningún escrúpulo se los vendí. Aceptaron con la única condición de que yo nunca volviera a tener comunicación con ellos.
Ya tenía resuelta mi vida, de nuevo sin preocupaciones y con suficiente dinero.
Las chicas ya no me aceptaron en el departamento. Me di cuenta que los chavos me veían como a una prostituta, comencé a sentir un gran vacío. Tuve que dejar la carrera y alejarme de la ciudad. Así que regresé a mi pueblo natal.
Ahí me encontré con un antiguo novio que recién llegaba de Estados Unidos. Reiniciamos nuestra relación y a los pocos meses me propuso matrimonio. Creí haber dejado todo mi pasado atrás y acepte casarme con él.
Hoy tenemos cinco años de casados, aún me siento vacía. Hace falta alegría en nuestra casa, en verdad deseo tener un hijo, pero hay oportunidades que no se dan dos veces en la vida.