Una nunca sabe hasta que punto conoce a la persona amada, sobre todo si haz vivido una relación de más de cinco años de casados y tres de novios. Cuando creí que no había secretos entre mi marido y yo... sucedió algo que transformó nuestro matrimonio.
Fuimos felices, todo era miel sobre hojuelas, no podía haber nada que afectará nuestro entorno, me atrevería asegurar....¡éramos la pareja perfecta! Pero empezaron los problemas.
Marco estaba ilusionado con tener un hijo, cada vez que tenía oportunidad me recordaba su anhelo de ser padre. Yo al principio estaba en desacuerdo con esa idea, mis objetivos principales eran tener una mayor estabilidad económica y casa propia, por lo cual optamos por utilizar métodos anticonceptivos durante algún tiempo.
Al fin me convenció e intentamos procrear un bebé. Después de varios intentos fallidos, decidimos consultar ayuda profesional.
Fueron meses de intensa incertidumbre, análisis, estudios, pruebas, todo lo humanamente posible....No tuvimos éxito.
Y empezaron las culpas...Eran ya tantas las discusiones que decidimos separarnos por un tiempo.
Un día que me sentía muy sola, desesperada por mi angustia, opte por buscar a Marco. Cual sería mi sorpresa que al llegar a casa de sus padres me encontré con una pequeña de aproximadamente seis años de edad y que tenía rasgos muy parecidos a los de mi esposo.
Me dio gran curiosidad saber de quién era hija esa niñita y le pregunté a mi suegra, quien contestó con voz titubeante "Esta niña es hija de Marco".
En ese momento me quedé helada, no supe como reaccionar y salí corriendo de ese lugar.
Me sentí engañada y traicionada, tanto por él como por su familia, no podía creer que cinco años de mi vida pensé que estaba junto a la persona más honesta del mundo. No podía creer que me sentí culpable al no poder concebir un hijo y de la ruptura de nuestro matrimonio. ¡Qué ilusa!
Han pasado ya tres años, ahora tengo un nuevo amor. Me fue difícil volver a enamorarme, sobre todo cuando la confianza se ve traicionada por la persona que más amaba.
La vida me premio con una gran pareja con ella no hay secretos ni culpas. Entre ella y yo hemos aprendido a no confiar en los hombres.