Hace 9 años conocí en la escuela a Armando, en ese tiempo teníamos 20 años, él era novio de una amiga con la cual rompió un par de meses después dado que ella tenía una relación "estable" de 11 años con su novio. Luego Armando intentó salir con otra compañera de la escuela sin éxito. Una vez solo, me acerqué para conocerlo y comenzamos una relación llena de amor, comprensión y deseo, de pronto resultó un embarazo que decidimos suspender porque, en particular yo, no lo deseaba y me daba pavor. Un mes después él se escondía con mi mejor amiga para besarse, cuando los sorprendí me enfurecí y abandoné el lugar.
Pero al día siguiente volvió a buscarme. Ellos volvieron a ponerme el cuerno en una fiesta en mi casa y yo quedé bloqueada, no les dije nada y me salí. Al regresar ya no había fiesta solo luces apagadas y ellos adentro...los corrí. Amanecí y él se había metido de nuevo en mi casa por la ventana pidiéndome perdón y llorando conmigo. Regresamos pero yo sabía que algo se había roto.
Así pasaron 3 años. En tanto, un ex novio me pidió regresar con él con la promesa de que no se comportaría como lo hizo Armando, salimos al cine y pensé en esa posibilidad, incluso nos dimos un beso. A los 2 días Armando se enfureció conmigo porque le dijeron que me vieron en el cine con mi ex. Debido a esto decidí no volver a ver nunca más a mi ex porque no quería perder a Armando, pero en él también se había roto algo.
Después de esto comenzamos a vivir juntos creyendo que siempre seríamos felices. En el 2001, volvió a engañarme con una amiga de mi trabajo a la que yo había ayudado a entrar a la empresa. Por dolor, por estupidez y quizá por falta de amor propio, permití que ellos siguieran su fantasía. Así pasaron 3 ocasiones lamentables, las más terribles de mi vida en las que prefería encerrarme en el baño a llorar mientras ellos hacían el amor en mi cama. Esto ya no fue soportable y terminé abandonándolo y reprochándole todo lo ocurrido.
A la semana me habló llorando diciendo que no quería vivir sin mi, que estaba tirado en la calle arrepentido. Estaba alcoholizado, cuando él no bebe una copa, y me pidió que lo ayudara. Lo fui a buscar a la unidad donde vivíamos y no lo encontré en la calle, lo encontré tirado en la sala del departamento. Lloraba con tanto dolor que lo perdoné y regresé a su lado. En realidad, no era un auténtico perdón, porque comencé a agredirlo, castigarlo psicológicamente y la relación se hizo un vicio de enojo, reproches, incluso comencé a golpearlo.
Tras la inercia, un año después, comencé a salir con un italiano. Al mes de conocerlo abandoné a Armando con la idea de que necesitaba un espacio. Por su parte, el italiano me propuso vivir juntos en Europa, en tanto, yo lo presenté en mi círculo social como mi novio. A pesar de ello, quería que lo nuestro fuera limpio y puro, así que le pedí tiempo para conocernos sin tener relaciones sexuales. Pasaron unas 3 semanas muy intensas con mi nuevo amor
demostrándome que podía vivir algo hermoso sin que tuviera nada que ver el sexo. Y si bien, yo sabía que merecía otra oportunidad para recomenzar mi vida, en el fondo de mi corazón extrañaba mucho a Armando que se conformaba con marcar mi teléfono porque no quería contestarle.
Sin embargo, en esos días resulté de nuevo embarazada, tenía un mes y medio y era, evidentemente de Armando. Tuve la pésima idea de avisarle. Entonces, él manifestó su deseo de tenerlo a costa de lo que fuera. Finalmente, decidí que no fuera posible a sabiendas de las secuelas psicológicas que provoca un aborto. Un mes después, la perdida de Armando y del bebé comenzaron a dejar secuelas porque perdí el empleo. Me estaba volviendo un manojo de nervios, contradicciones y lágrimas.
Toda la situación, me impidió continuar con el italiano, así que partió a Europa. Paralelamente, Armando me buscó con tanto ahínco que hablamos toda una noche. Quise ser honesta y le contesté una a una sus preguntas. Ambos nos amábamos, pero no sabíamos cómo resolver los errores. Con todo, decidí regresar de nuevo a su lado y conforme pasaron los días viví un genuino martirio por sus reclamos y sentí todo su odio hacia mi persona.
Ya han pasado 9 meses desde entonces. En todo este tiempo, él se ha alejado emocionalmente de mi vida. Recurrimos a una terapia individual y a 4 sesiones de pareja hasta que el viernes pasado llegó a la 1 de la madrugada. Descubrí en su pantalón la nota de pago del hotel de México con el consumo de 2 personas incluyendo el cine. Le pedí que se fuera de la casa y así lo hizo. Al día siguiente, acudimos a la cuarta y última terapia de pareja, ahí comenté al psiquiatra que eso me bastaba para darme cuenta que él no quería compartir la vida conmigo.
Terminó la terapia y me sentí momentáneamente mas relajada. Sin embargo, después comenzó el retorcimiento, el dolor mas intenso que he vivido. regresó a la casa sólo para llevarse sus cosas. Quise gritarle que lo amaba, que de veras, lo amaba, que por eso había vuelto a su lado, que necesitaba de su perdón, quise salir corriendo para gritarle que le perdonaba todo, que estábamos confundidos, que lo amaba tanto.
Mis labios parecían sellados, sólo yo escuchaba mis gritos. Ahora su ausencia lo inunda todo. Sólo ha pasado una semana desde que se fue y la presencia de su ausencia me está carcomiendo.
El asunto es que desde hace meses descubrí que de verdad lo amo, pero no me permitió acercarme...no me permitió demostrárselo quizá por mi estupidez, por mi falta de sabiduría, por mi falta de un Dios, por mi falta de valores.
Estoy verdaderamente arrepentida de todo lo que he hecho... creo que mi vida la hice pedazos... me traicioné a mi misma, no puse límites, fingí ser alguien que no era...creía que podía ser muy liberal cuando en el fondo me gusta la idea de una pareja leal...
En casa, mi papá también le era infiel a mi mamá, una vez, de pequeñita vi a mi papá con mi madrina besándola, en la misma sala donde 18 años después, Armando besaba a mi amiga Blanca.
El círculo se repitió y ahora, me siento tan perdida, sólo me queda mi lucha por sobrevivir, por conseguir un trabajo que me ayude a comer. Antes, yo era tan exitosa, ganaba 9 veces el salario mínimo, tenía reconocimiento...y todo eso sólo era superficial porque mi alma estaba tan vacía.
Porque no había construido lo más importante: mi vida real, la que no necesita de maquillaje, ni de los reflectores. Ahora, miro el cielo, descubro la intensidad de sus colores, tengo la esperanza de encontrar consuelo y entendimiento en la idea de Dios, quiero dejar de negarlo, quiero dejar de traicionarme y espero que algún día Armando haga lo mismo y quizá volvamos a reunirnos una vez lavados nuestros errores.
Tengo muchas preguntas:
Cómo puedo lograr conciliar el sueño?, dejar de sobresaltarme?
¿Cómo logro vivir sin miedo?
¿Qué hago para llegar a un autentico perdón?...
¿Qué hago para resolver mis últimos rencores?...
¿Cómo le pido que regrese?...
¿Còmo lo recupero?...
De no lograrlo...
¿Cómo dejo de lamentarme?...