Un grupo de chavos estaba comentando las incidencias del debate entre los aspirantes a la presidencia del país. Cada uno daba sus opiniones acerca de los candidatos: que si se pasó Madrazo, que si Patricia tiene o no posibilidades, si Andrés Manuel o Calderón, en fin.
De pronto, uno de ellos sacó su credencial de elector y se la presumió a sus cuates. Ya la hice -dijo- ahora sí estoy listo. ¿Qué, para votar?, ¿de cuando acá tan buen ciudadano? Le respondieron burlonamente. ¡N'ombre, cómo crees! Ahora sí estoy listo para, poder entrar a los antros ¡Ya soy mayor de edad!
Si la participación de los jóvenes en las elecciones mexicanas se midiera en términos de quienes han sacado su credencial de elector, los números serían muy optimistas, pero la verdad es otra: según estudios del Instituto Federal Electoral (IFE), en las elecciones del año 2003, entre 60 y 70% de la población juvenil, con edades comprendidas entre 24 y 34 años, y con derecho a votar, se abstuvo.
Preocupante, ¿verdad? Y en cierta forma, se entiende y explica este hecho por el desprestigio en que se encuentra la clase política en general. Desgraciadamente, el concepto "político", ha pasado a ser, para muchas personas, sinónimo de ladrón, corrupto, mentiroso y mucho más. Si bien es cierto, como reza el refrán: "Ni son todos los que están, ni están todos los que son".
Un dato que se debe tomar en cuenta, es que para las elecciones del 2 de julio, se estima que 3.5 % de los ciudadanos que ya tienen credencial de elector, tendrán entre 18 y 19 años antes de esa fecha.
El padrón juvenil convertido a votos, alcanza la nada despreciable suma de 13 millones de votantes que por primera vez estarán en posibilidades de ejercer este derecho, según el presidente del Instituto Federal Electoral (IFE), Luis Carlos Ugalde, lo que convierte a este segmento en un objetivo prioritario, tanto para el propio IFE, como para los partidos y para el país mismo. Aquí es donde radica el asunto más serio: los muchachos tienen que darse cuenta de que participar o no en las elecciones puede, en esta ocasión más que en ninguna otra, determinar el rumbo que tome el país, ya no en los próximos 6 años, sino en los siguientes 24, si consideramos el alcance de las políticas de Estado. Esto es: el 2 de julio se va a determinar el tipo de país que habremos de tener; ¿seremos un país en verdad competitivo, más equitativo y democrático?
Los jóvenes de hoy, ¿tendrán acceso a buenos empleos bien remunerados dentro del país?, ¿habrá mejores condiciones para que emprendan sus propios proyectos productivos?, ¿viviremos con más seguridad?, ¿se revertirá la expulsión de migrantes en busca de empleo?, ¿se reducirá notable y consistentemente la pobreza ancestral de millones de compatriotas?, ¿Qué tan fácil será adquirir casa, auto, electrodomésticos y equipos? En otras palabras ¿Cómo queremos vivir?
Si no te gusta la situación actual, vota. Y si te gusta, también vota. Es tu deber como ciudadano.
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